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martes, 21 de septiembre de 2010

ENIGMAS DE LA VIDA: EL BAÑO

La vida nos plantea enigmas. Cuestiones que están a nuestro lado y que en muchas ocasiones no somos capaces de percibir. Situaciones que suceden simplemente porque sí y a las que no se ha podido determinar una respuesta clara.

Tenemos ejemplos de estas situaciones en millones de momentos, pero en esta ocasión concretaré uno: los baños de los hombres.

Inevitablemente, esta entrada saldrá algo escatológica, pero comprenderéis que es imposible pescar sin mojarse. Aun así, intentaré ser lo más límpido posible. Allá va.

Cuando un chico entra al baño sólo para hacer aguas menores surge el primer problema: dónde orinar. La intimidad inicial nos lleva a buscar la taza del váter, pero en la mayoría de las ocasiones vemos que están ocupadas por otros que pensaban igual. Vamos pues a los urinarios.

¡Arte diabólica es!, que dice el poema. Antes de ponernos comprobaremos si hay alguien haciendo uso. Si así fuera intentaremos situarnos lo más alejados posible, es decir, en la esquina extrema. Si es así, tenemos la cuestión más o menos solventada, si no, no nos queda más remedio que ponernos al lado de nuestro compañero orinador, con lo que aprovechamos para analizar y profundizar en el maravilloso mundo del azulejo que tenemos justo delante de nuestra cara (evitando así, lascivas miradas comparatorias).

Por otro lado, si no hay nadie en los urinarios todo irá bien... hasta que alguien entre y se ponga a nuestro lado con lo que, fugazmente, nos quedaremos sin ganas... (“pero si estaba que reventaba”, pensaremos). Este es un momento muy incómodo, porque notas cómo has dejado de hacer ruido. Piensas en ese instante que lo nota todo el mundo, e infructuosamente haces fuerza para que se vuelva a escuchar el sonido del líquido corriente y salpiqueante. Nada. Hasta que no se vaya la gente te quedarás ahí, parado como un tonto, disimulando un nuevo análisis del azulejo.

Supongamos que ya todo a terminado y nos tenemos que lavar las manos. Los “chismes” secamanos son para odiar, porque nadie tiene paciencia para acabar de secarse bien y siempre se sale del baño con las manos húmedas deseando no encontrarse con nadie al que saludar.

Si, por otro lado, hay aparato de papel... es otro cantar. Desde luego que te secarás las manos bien, pero seguro que te quedas con una duda. La cuestión no es otra que si vas por la mañana, orinas, te lavas las manos, te secas con el papel y lo tiras a la papelera. Bien. Pero cuando vas por la tarde orinas, te lavas las manos, te secas con el papel y lo tiras a la papelera en la que... ¡¡SIGUE SÓLO TU PAPEL DE LA MAÑANA!! Siendo conscientes como somos, de que ha habido mucha más gente que ha ido al baño en el transcurso del día, sales de orinar volviendo a desear no encontrarse a nadie al que saludar...

Las aguas mayores las dejaremos para otro día...

Nada más por estos mares...

1 comentario:

  1. Eso por no hablar de las ocasiones en las que el baño de hombres está invadido por féminas, dado lo saturado que suele estar su baño (véase de 3 en 3, y otras referencia similares).
    Entras en el baño, lanzas una mirada autosufiente a las féminas que están en tu baño, te giras con dignidad hacía la pared, para hacer uso de ese urinario.. y ni gota sale, chico!

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