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viernes, 29 de octubre de 2010

UNA VIDA DE VECINOS

Permitidme que aplace hoy mi serie de Naranja´s World, pero es que mis dedos se han alargado tanto que me es imposible pelar una naranja como se debería. Hoy me limitaré a leer La Trece Rue del Percebe que es muchísimo más divertida. Al fin y al cabo no es más que un bloque de pisos en el que los vecinos no tienen nada que ver el uno con el otro y no llegan a ningún acuerdo en las reuniones mensuales que realizan en el rellano de la escalera.

Recomiendo esta serie “tebeística” a todos los aficionados al buen humor. En realidad todos viven en su piso y ninguno se entera de lo que pasa en el piso de al lado, pero es que tampoco les interesa. Eso sí, siempre se quejan. Demasiado tienen todos con lo que ocurre en su casa, que no es poco.

Tenemos aquí vecinos y gente de toda clase y condición en el que los menos pensados se aúnan para poner el ascensor tan necesario para que “el subversivo de arriba” pague sus facturas. De vez en cuando algunos de sus vecinos le llaman a la puerta pero convencerle... pocas veces lo han conseguido.

El modisto de abajo, por su parte, tiene una situación aún más complicada. Sin telas de calidad siempre tiene que estar haciendo trajes a medida a los que la gente no hace nada más que ponerles pegas. Y mira que lo intenta el hombre, pero cuando es imposible, es imposible.

En el cuarto vive una madre con sus hijos. Eso siempre es una relación imposible. Viven juntos porque no les queda más remedio. Al fin y al cabo, es ley de vida. Durante un tiempo compartirán casa, pero cuando menos se lo esperen, los hijos saldrán volando del hogar para hacer su vida aparte. Siempre es una relación de amor odio.

Tampoco lo tiene fácil el veterinario, que cada día tiene que “torear” con nuevos animales a los que les ocurren problemas inesperados: serpientes, vampiros chupasangre... que tienen difícil solución médica...

En el primero tenemos a los del alquiler, normalmente estudiantes y de los denominados “culturetas”. Aunque hacen lo posible para que les dejen vivir en el piso, siempre lo tienen complicado. La dueña, una mujer grande y gruesa, no hace nada más que ponerles trabas y nunca consiguen nada. Eso sí, jamás dejan de intentarlo.

En el piso de abajo está la tienda. El único terrateniente del edificio, que intenta vender sus productos pero que no consigue nada. Tampoco es raro, ya que todo lo que vende, o está malo o rancio, así que no consigue nunca hacerse valer. Igual es que no se lo merece.

Y todo el bloque sin presidente... Qué descontrol. Mientras tanto, el pobre Rompetechos siempre paseando por la calle... Entre poco que ve, y menos que se entera. A su manera es feliz.

Nada más por estos mares... revueltos.

jueves, 28 de octubre de 2010

Y EL ÓVALO SE QUEDÓ VACÍO

En primer lugar, dejadme pediros mil perdones a todos los que seguís mi blog. He recibido numerosas críticas porque he estado bastante tiempo sin escribir. Lleváis razón. Podría poneros mil excusas: he estado malo, no me ha dado tiempo... en realidad sería un compendio de todas, pero como seguramente no me creeréis no gastaré mucho más tiempo en ello.

Va, que empiezo.

Recordaréis que hace tiempo me pusieron una multa en el paseo del Óvalo, objeto de uno de los comentarios del blog. En aquel momento os dije que estaría pendiente cual halcón (milenario) para ver si era yo el único (tonto) que había tenido que pagar. Para ello hice una gran labor de investigación. Vamos, que de vez en cuando me pasaba por el Óvalo para ver cómo estaba la situación.

Mi mente, siempre malpensada (como la del 90 por ciento de las personas nacidas en la Tierra), imaginaba que esto sería cuestión transitoria, y que en breve, los almuerzos del Grégory, las visitas al Estanco o, simplemente, la dejadez, harían del Óvalo el lugar de aparcamiento que siempre había sido.

No sin alegría me doy cuenta de que me equivoqué. Mis constantes visitas me mostraron en la mayoría de las ocasiones un Óvalo prácticamente vacío de coches. Cierto es que vacío, a día de hoy, es imposible. Siempre había alguien que pensaba como yo: “¡va!, esto dura dos días”, y seguía dejando el coche aparcado (eso sí, se vigilaba con el rabillo del ojo). Pues no señor, las constantes visitas de los agentes de la “ley y el orden” están teniendo su repercusión.

Esto me que me asalten dos cuestiones. Primera:

Siempre había estado prohibido aparcar en el Óvalo y siempre estaba lleno de coches. Ahora que multan, la gente no los deja. ¿Es que sólo actuamos cuando nos tocan el bolsillo?, ¿dónde están ahora todos esos coches que estaban antes aparcados en el Óvalo? Sólo actuamos a base de golpes. La mentalidad de lo social y del respeto parece estar igual de aparcada que aquellos coches de ese antaño cercano, y no nos preocupamos de nada que no nos toque a nosotros directamente.

Lo segundo:
Si parece que lo de multar funciona... ¿qué pasará con la zona azul prevista? Si finalmente se realiza, parece una cuestión política más que de utilidad ciudadana (recuerdo tu comentario Jose, el de ceder espacios a la empresa). Si la gente, finalmente, cumple con la prohibición de aparcar, parece innecesario poner zona azul, pero como dice la canción... ¿qué será, seráaaaaaaaaaa?

Nada más por estos mares...

viernes, 15 de octubre de 2010

NARANJA´S WORLD

Luisito se despertó. Le parecía que había estado durmiendo en ese saco más de una semana. Seguían igual de apretados. No pensaba que en aquella bolsa pudieran caber tantas naranjas.

El camino que estaban recorriendo debía ser muy sinuoso, ya que eran muchas ocasiones en las que los sacos se movían con bastante fuerza.

Luisito estaba preocupado por Minute. Desde que habían sido recogidos del árbol no había dicho ni una sola palabra.

“Poco se puede hacer”, pensaba Luisito para sí mismo. Su ánimo decaía por momentos. De pronto notó un golpe muy fuerte que hizo que se moviera el saco completo y que cayera de golpe contra el suelo del camión. Por fortuna no estaba herido. Una pequeña fractura en alguno de sus gajos podría provocar una gran perdida de zumo y quedarse sin ninguna fuerza.

Notaba como el saco seguía moviéndose. Todas las naranjas se movían en el interior de un lado para otro llevadas por una fuerza desconocida. Parecía que estaban rodando. De pronto todo paro. Era una extraña sensación que nunca había notado. En ese momento le hubiera gustado tener al lado a Juver Jiménez, una naranja de su plantel que siempre se había caracterizado por el estudio de situaciones extrañas.

“¿Qué ha sido eso?” dijo Minute. “No lo sé”, respondió Luisito. “¿Qué tal estás?”. “Nervioso”, respondió la naranja inglesa.

Luisito seguía pensando en cuál de los dos sitios de la leyenda de los limones acabarían cuando volvió a llegar un brusco movimiento. Esta vez era aún más fuerte. Todas las naranjas comenzaron a moverse de un lado para otro sin control. Luisito había perdido de vista a Minute. Los impactos dentro del saco eran continuos hasta que todo se paró de repente para un segundo después notar el mayor de todos los golpes hasta el momento.

El saco se había abierto. Luisito notó los rayos del sol desde el exterior y se atrevió a salir. Al parecer el golpe les había tirado del camión y los había dejado en mitad de un paisaje que no conocían. Luisito miró a su alrededor. Quería saber si había cerca algún plantel de naranjas con las que poder hablar y saber dónde se encontraban.

Fue en ese instante cuando el sonido de un motor llegó hasta los poros de Luisito. Cada vez se acercaba más y no tenían tiempo de esconderse. Todas las naranjas cerraron los ojos pensando que si ellos no los veían tampoco les verían a ellos. Pero no fue así:

“Mira que suelte, papa, un saco lleno de naraaanjas”. “Échalo al camión Rafael, que estas nos salen gratis. To ganancias”.

Así lo hizo el chico. Recogió todas las naranjas que tras el golpe habían salido del saco y las subió al camión. A otro camión.

A Luisito le volvieron a surgir las mismas dudas que hace un momento. La suerte les había abandonado y se encontraban en el mismo punto que hasta hacía un momento.

Mientras tanto, el camión de frutas Gabarre seguía su camino hacia Teruel...

miércoles, 13 de octubre de 2010

33 MENTES ENCERRADAS

Era el 5 de agosto cuando a treinta y tres mineros de Chile se les vino el mundo encima. Hoy día 13 de octubre comienzan a salir de su obligado hacinamiento.

Ha sido portada de noticia desde que ayer, a las cinco y algo de la madrugada cuando comenzaron a salir los mineros de las entrañas de la tierra. Uno a uno, poco a poco. De hecho, cuando escribo esto quedan todavía algunos por rescatar.

Lejos de la alegría, casi euforia, que nos a embargado a todos por la noticia de la salida de estos héroes por accidente, me gustaría pensar en otra cosa.

Si no me salen mal las cuentas, son entre 68 y 69 los días que han estado encerrados. ¿Qué pensarían en esos momentos? ¿Perderían en alguna ocasión la esperanza de ser salvados? ¿Qué harían a lo largo de los días que han pasado allí? ¿Qué disputas tendrían? ¿Qué soñarían? ¿Cuántas veces pensarían en el momento de su rescate? Son preguntas que supongo que se irán respondiendo a lo largo de estos días.

Siempre me ha gustado ponerme en la situación de los demás, y en este caso me cuesta mucho ubicarme a 700 metros bajo tierra. El hecho de que te de igual que arriba sea de día, de noche, que esté lloviendo o que haya un sol majestuoso debía ser desesperante. Sólo dependían de una máquina que conforme arañaba la tierra que les separaba del mundo exterior, les acercaba más a la vida normal.

Desde mi punto de vista, sería esa normalidad la que más se echaría de menos. El comer esas sardinas que no me gustan, el paseo por las calles sucias y contaminadas, los partidos de fútbol en la tele, las conversaciones de tonterías que no llegan a nada o el asomarme a la ventana para ver quién pasa en esos momentos a comprar el pan... Tiene que ser duro la falta de una cristalera hacia el mundo exterior.

Por otro lado, amigos blogueros, me gustaría preguntaros una cosa. Se decía que eran muchos los mineros que se habían ofrecido para salir los últimos. Comentaban que era para ser inscritos en el Guiness de los Récords. ¿Vosotros qué haríais?

Yo no sé si es afán de protagonismo el hecho de decir “que liberen a mis compañeros antes que yo me quedo el último” o realmente es un sentimiento al que se puede llegar después de una unión de tantos días.

Lo último.

Koke, me ha dicho hoy tu padre que ha oído que a uno de los mineros le esperaba fuera su mujer con dos hijos y su querida con uno... Aun sabiendo lo que le esperaba seguro que se ha alegrado por volver a ver la luz.

Nada más por estos mares...

Adiós Arteche, convence a San Pedro para que nos eche una mano esta temporada. Hoy el cielo estará mejor defendido.

martes, 12 de octubre de 2010

ESAS MULTAS DEL ÓVALO...

El otro día no tuve más remedio que pasar por la Policía Local. Podéis estar tranquilos, que a pesar de mis intentos por quedarme en el calabozo para ahorrarme una casa de alquiler, no encontraron nada lo suficientemente grave como para encerrarme. La razón por la que me tocaba esa “agradable” visita era la de pagar una “agradable” multa que me pusieron en el Paseo del Óvalo.

No voy a culpar a Toni, auténtico responsable de la multa, ya que me incitó a tomarme un café. Lo cierto es que el auténtico culpable fui yo, pero es que no me apetecía darme una vuelta a todo Teruel para llegar al bar la Torre. Fue por eso por lo que aparqué en la cuesta del Hotel Cristina (ya lo sé, no hace falta que me digáis que es zona de carga y descarga).

Cuando volví del bar, me subí en el coche y vi ese gran regalo de los Reyes Magos en forma de “receta” verde.

Por ello, triste y apesadumbrado, y después de dejar el coche en el aparcamiento (que no estamos para tentar más a la suerte), me dispuse a pagar la multa. Reconocía que lo había hecho mal y, por tanto, era de honrado ciudadano pagarla. Eso sí, mi cotilleo habitual no pudo evitar darse una vuelta por el Paseo del Óvalo para ver si había más coches multados. La verdad es que sí, con lo que la excusa de que la Policía “me tiene manía” dejo de ser válida. Pagar y cumplir.

Hoy he leído en el Diario de Teruel que el Paseo del Óvalo se ha convertido en la calle con más multas de Teruel, pero que la media no llega a una al día.

Cualquier turolense que se pase por el Óvalo a cualquier hora verá que, echando cuentas, y aun siendo la zona con más sanciones, el número de multas diario no es directamente proporcional con el número de coches aparcados.

Desde el Ayuntamiento se están tomando medidas. Se habla de poner zona azul. Medida sin duda que no es sino un mal menor, ante la imposibilidad de que la gente tenga un poco de conciencia y entienda que el Óvalo no es lugar de aparcamiento. Algo es algo.

Estoy también totalmente de acuerdo con que se pongan multas. De hecho, ya a día de hoy, y cuando parece que se está vigilando más el aparcamiento en este lugar, se ha reducido el número de coches estacionados (pero haberlos haylos). Sólo espero que perdure en el tiempo, que no sea cosa de hoy y mañana con la única misión de ocupar páginas en el Diario de Teruel.

Son muchas las ocasiones en las que estas cosas no dejan de ser modas pasajeras, como esos grandes hermanos que están durante un tiempo en todos lo programas de televisión y que luego se olvidan (¿qué fue de Javito? Por ejemplo). Es por ello, que me seguiré paseando por el Óvalo y miraré si se siguen multando coches o se hace un poco más la vista gorda. Ya os comentaré como sigue.

Eso sí, igual me llevo una sorpresa y llega el día en el que no haya vehículos aparcados allí ni para sacar tabaco en el Estanco del Óvalo. No sé si lo verán estos ojos.

Nada más por estos mares...


miércoles, 6 de octubre de 2010

DESDE MI RECUERDO PARA ENRIQUE ORTEGO

Cierto es que cuando di el banderazo de salida a este blog dije que intentaría no hablar de fútbol, o que lo haría lo menos posible. Pero dejadme reservar el día de hoy a un periodista deportivo llamado Enrique Ortego, gran analista de fútbol y un excepcional escritor.

No penséis, a pesar del título, que Quique Ortego ha muerto. No, por Dios. La realidad de este titular no es otra que la de desperdiciar esta entrada del blog para acordarme por última vez de él. A partir de mañana, cuando hable el susodicho, no será más que un comentarista más de los programas deportivos al que no le prestaré demasiada atención.

Los hechos de este pequeño ataque de ira llegaron ayer. Cuando Ortego, madridista confeso (contra lo que no tengo nada) y teórico del fútbol (y digo teórico porque práctico, a tenor de su pinta, parece más bien poco), se dedicó durante toda la entrevista realizada en la Cadena Cope a Quique Flores, a asegurar que David De Gea, portero del Atlético de Madrid, se iría este año del club. Y todo ello sin que se haya producido ninguna oferta oficial.

No seré yo el que dé una noticia u otra. Puede ser que la próxima temporada De Gea esté, o no, en el Atleti. El único problema es, que este periodista, con imagen de ratón de biblioteca, se dedicó todo el rato a comentar que la salida del portero se produciría porque en otro club le pagarían más.

Seguramente, señor Ortego, usted olvidó que aún hay futbolistas, eso sí, cada vez menos, que son capaces de seguir en el mismo club porque es el lugar en el que se han criado y en el que se encuentran bien. Parece mentira que se olvide de situaciones como la de Rául, la de Guti o la del mismo Casillas, ¿o es que es sólo su Madrid capaz de crear sentimientos en sus jugadores? Que se lo digan a Lass. ¿O es que TODOS los futbolistas se mueven únicamente por el dinero? Evitaré aquí saltarme el caso de Figo.

De todas maneras, tal y como he ido escribiendo estas líneas se me ha ido pasando el cabreo. En el fondo le entiendo. Un periodista que en poco tiempo ha pasado del ABC a trabajar con sus amigos del As, y en menos tiempo aún, dejar a sus coleguitas para ir a MARCA no creo que sea capaz de albergar sentimiento más allá de su cartera.

Nada más por estos mares...


lunes, 4 de octubre de 2010

¡¿PERO ESTO QUÉ ES?!

Pues no tenía idea de escribir hoy en el blog. Mirad de hecho qué hora es. Sólo me quedaba esperar a que comenzaran las aventuras de Horatio Cane en CSI Miami. Ese artista de pelo rojo y gafas de sol capaz de descubrir al asesino antes incluso de que le pasen el guión de la serie.

Os preguntaréis por qué he cambiado de opinión. Todo viene por una noticia que acabo de ver en el Telediario (sí, hoy he preferido el Telediario a Bob Esponja. Hay veces que son igual de graciosos). La noticia en cuestión hacía referencia a un accidente de tráfico. Hasta ahí normal. Luego resulta que uno de ellos era Guardia Civil y el otro militar. Eso es menos normal, es casi como un duelo fraticida, pero bueno. Y luego resulta que al bajarse del coche, al parecer, el militar intenta atropellar al Guardia Civil. Qué cosas. Y para acabar, el Guardia Civil, ante tal tropelía (que no atropello porque no se acabó de consumar el acto) saca su pistola se sube encima del coche del militar y apuntándole le solicita “amablemente” a que se baje.

Como diría Matías Prats: ¡¡pero esto qué es!!, ¡¡pero esto qué eeeees!!

Luego, los pobrecicos de la Policía Local llegan corriendo sin saber lo que se les viene encima. Que si el de la Benemérita, “que te bajes, que soy Guardia Civil”; y el militar, “que no me bajo”. Y la Policía Local, me supongo, mirando hacia otro lado a ver si llegaban a un acuerdo para firmar un parte amistoso.

El único problema es, que en muchas ocasiones, que no siempre, algunos de los pertenecientes a estos Cuerpos, están acostumbrados a hacer las cosas por sus... razones, con lo cual, la cosa seguía igual en las imágenes: “¡que te bajes!”, “¡que no!”, “¡que sí!”, “¡que no!”, “¡que nunca te decides!”...

Finalmente, parece que el tricornista hizo entrar en razón al atropellador, y se lo llevó la Policía Local... que pasaba por allí.

Sólo dos preguntas me hago:
¿No parece un poco “a la ligera” la utilización de la pistola? Igual después de algunas actuaciones pasadas nos tenemos que plantear si no es necesario un análisis un poco más profundo a la hora de darle a alguien un arma. Y lo digo también por los cazadores. Me acuerdo que una vez hice un análisis de aquellos y me preguntaba: “¿se considera usted violento”. Vamos, que el ponga que sí es violento y tonto.

Por otro lado. En la peleílla que aquí se presenta discuten un Guardia Civil y un militar. La cuestión en este caso está igualada. Pero si en lugar del militar dentro del coche voy yo, u otra persona ajena a estas profesiones, ¿cómo habría acabado?

Un día hablé con un Guardia Civil y se lo pregunté. Yo le dije: “Pero es tu palabra contra la mía”. “Sí”. Me contestó. “Pero mi palabra vale más que la tuya”. Seguro que fue un error..., pero ahí queda eso.

Nada más por estos mares...

Este es el vídeo: http://www.youtube.com/watch?v=kId8XbcR4q4

viernes, 1 de octubre de 2010

NARANJA´S WORLD

Luisito estaba un tanto acongojado. No sabía qué ocurriría ahora. Su zumo hervía de nerviosismo en cada uno de sus gajos, y no hacía nada más que imaginarse un enorme cuchillo intentando pelarle para con su piel una cestita de naranja.

Minute parecía estar medio dormido, porque no decía nada. Luisito pensó que se le había subido la Vitamina C a la cabeza y que estaba un poco mareado.

Notó un golpe seco, y por una ranura del saco pudo ver como los habían metido en una caja enorme. Echando un vistazo más pudo comprobar como estaba rodeado de muchos más sacos.

Le habían comentado muchas veces lo que pasaba en estos casos. Una leyenda negra propia de sus malos y cítricos primos limones que decía lo siguiente:

“Al igual que en el mundo de los humanos, las naranjas tiene un cielo y un... digamos que infierno.

Aquellas naranjas que se habían comportado adecuadamente, y que habían sido capaces de aguantar durante toda su vida en el árbol, caían al suelo. Una vez en la tierra se abrían a la naturaleza para que los ángeles del dios naranjil, llamados pájaros por los humanos, cogieran su corazón, es decir, sus pepitas, y las transportaran por los aires hasta llegar al cielo. Allí, en un terruño blanco y esponjoso, eran depositadas para crecer como un hermoso y frondoso árbol que siempre estaba en flor.

Al lado de este cielo de hermosos árboles, se encontraba otra más pequeño, con árboles diminutos pero igualmente bellos. Los naranjas más ancianas del lugar, decían que era el cielo de los gnomos, y que había uno de más de seiscientos años llamado David.

Por el contrario, aquellas naranjas que habían tenido una vida desordenada, eran condenadas a la recolección. Los hombres las arrancaban bruscamente del árbol para trasladarlas al lugar más lúgubre y tétrico que se pudiera encontrar: el Mercadona.

Allí eran adquiridas por los humanos, que las llevaban a sus casas para hacerlas trozos y comérselas, sin darles la oportunidad de seguir una línea reproductora natural, ya que sus restos eran desechados y abandonados en el Cubo de los Desechos.

A pesar de todo, había una posibilidad de salvación. Algunas naranjas, que a pesar de no tener un buen comportamiento habían hecho méritos suficientes como para tener una última oportunidad, eran conducidas a una especie de purgatorio llamado Alvimar.

A este purgatorio eran conducidas también aquellas naranjas con algún defecto o que eran poco agraciadas. Por alguna extraña razón, los humanos eran menos partidarios de este lugar, por lo que en ocasiones, las naranjas no adquiridas, eran tiradas en campos en las que aún tenían la posibilidad de reproducirse, aunque no era igual que el cielo.”

A pesar de la leyenda y de haber sido recolectado, Luisito sabía que no había sido malo y que el futuro le depararía algo bueno.