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viernes, 1 de octubre de 2010

NARANJA´S WORLD

Luisito estaba un tanto acongojado. No sabía qué ocurriría ahora. Su zumo hervía de nerviosismo en cada uno de sus gajos, y no hacía nada más que imaginarse un enorme cuchillo intentando pelarle para con su piel una cestita de naranja.

Minute parecía estar medio dormido, porque no decía nada. Luisito pensó que se le había subido la Vitamina C a la cabeza y que estaba un poco mareado.

Notó un golpe seco, y por una ranura del saco pudo ver como los habían metido en una caja enorme. Echando un vistazo más pudo comprobar como estaba rodeado de muchos más sacos.

Le habían comentado muchas veces lo que pasaba en estos casos. Una leyenda negra propia de sus malos y cítricos primos limones que decía lo siguiente:

“Al igual que en el mundo de los humanos, las naranjas tiene un cielo y un... digamos que infierno.

Aquellas naranjas que se habían comportado adecuadamente, y que habían sido capaces de aguantar durante toda su vida en el árbol, caían al suelo. Una vez en la tierra se abrían a la naturaleza para que los ángeles del dios naranjil, llamados pájaros por los humanos, cogieran su corazón, es decir, sus pepitas, y las transportaran por los aires hasta llegar al cielo. Allí, en un terruño blanco y esponjoso, eran depositadas para crecer como un hermoso y frondoso árbol que siempre estaba en flor.

Al lado de este cielo de hermosos árboles, se encontraba otra más pequeño, con árboles diminutos pero igualmente bellos. Los naranjas más ancianas del lugar, decían que era el cielo de los gnomos, y que había uno de más de seiscientos años llamado David.

Por el contrario, aquellas naranjas que habían tenido una vida desordenada, eran condenadas a la recolección. Los hombres las arrancaban bruscamente del árbol para trasladarlas al lugar más lúgubre y tétrico que se pudiera encontrar: el Mercadona.

Allí eran adquiridas por los humanos, que las llevaban a sus casas para hacerlas trozos y comérselas, sin darles la oportunidad de seguir una línea reproductora natural, ya que sus restos eran desechados y abandonados en el Cubo de los Desechos.

A pesar de todo, había una posibilidad de salvación. Algunas naranjas, que a pesar de no tener un buen comportamiento habían hecho méritos suficientes como para tener una última oportunidad, eran conducidas a una especie de purgatorio llamado Alvimar.

A este purgatorio eran conducidas también aquellas naranjas con algún defecto o que eran poco agraciadas. Por alguna extraña razón, los humanos eran menos partidarios de este lugar, por lo que en ocasiones, las naranjas no adquiridas, eran tiradas en campos en las que aún tenían la posibilidad de reproducirse, aunque no era igual que el cielo.”

A pesar de la leyenda y de haber sido recolectado, Luisito sabía que no había sido malo y que el futuro le depararía algo bueno.

2 comentarios:

  1. Pero Daniel... no nos dejes así. ¿No tendrás blog en versión premium con avance de capítulos más rápido?

    Por cierto, cuanto lloré cuando David el gnomo se convierte en un cerezo :'-( creo que fue mi peor trauma infantil.

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  2. ja ja, mola la comparación Mercadona-Alvimar. Te ha faltado poner el limbo Gifruta :-

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